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Muchas fueron las manifestaciones del arte de la jardinería
fecundadas por la cultura árabe en la Península Ibérica desde
que en el año 750 Córdoba se convirtió en Capital del Imperio
Omeya.
Los árabes aprendieron de Persia la técnica de las artes
aplicadas y la cerámica, de Egipto las técnicas de irrigación
y el uso ornamental de agua, del norte de África las normas
agrícolas de los romanos y los cartagineses.
El
jardín siempre revela el temperamento y la
psicología de quien lo diseña. Eso se refleja en su
composición, en la elección y el uso de todos los elementos
que lo conforman.
El
jardín árabe expresa el anhelo del paraíso mahometano,
prometido en el Corán.
La
vida el musulmán está unida a su idea del paraíso.
Un
jardín, es un lugar de delicias y placeres, donde alcanza la
satisfacción plena de sus aspiraciones.
La
tendencia a la introversión ha conducido a su carácter
doméstico, al empleo de superficies limitadas, al respeto por
la escala humana.
Cuando la superficie es amplia, divide el espacio en recintos
sucesivos, privados, recoletos. Esta sucesión de patios
interiores, se comunican a través de estrechos pasajes. Una
reja deja entrever lo que sucede en el siguiente. El conjunto
se organiza en una planta libre y variada. El visitante
encontrará a su paso sorpresas, vistas inesperadas.
El
agua siempre presente en estanques, fuentes, surtidores. A
través de acequias recorre jardines y se introduce en
los recintos.
Otra característica es el empleo de azulejos de vivos colores.
El efecto es deslumbrante. Los azulejos revisten las pilas,
los estanques, los asientos, los muros, los cielos rasos.
Los paseos se encuentran pavimentados con piedras, azulejos.
Forman diseños siempre diferentes. La religión musulmana no
permite las representaciones humanas, no existen esculturas.
El
clima cálido dio lugar a una especial disposición de arriates
y paseos. Los terrenos se inundan periódicamente. Estos paseos
se encuentran sobre elevados con relación a los arriates.
Los desniveles se ocultan con plantas: boj, arrayán.
Las plantas típicas del mediterráneo: ciprés, magnillo,
limoneros, naranjos, boj, arrayán.
En
los muros, bordes de estanques y fuentes: plantas de pequeño
porte en macetas. Las de mayor envergadura se distribuyen sin
seguir la geometría de los arriates.
Los jardines hispanoárabes, originados en Oriente, constituyen
la referencia lograda y refinada del jardín mediterráneo.
De
características inconfundibles, aún trasciende en ellos, el
gusto por lo decorativo de los persas, el criterio para
distribuir las plantaciones tomada de los egipcios, la pureza
clásica de los peristilos helenísticos.
La
tradición árabe es tan fuerte que, todavía influye en los
diseños contemporáneos de los jardines domésticos tanto de
España como en California.
La
fascinación que emana de estos jardines se debe a la
sensibilidad, a su carácter íntimo, a la armonía de sus
partes.
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